Mi crisis de los 3 meses

Mucho se habla de la crisis de los tres meses en relación a la lactancia materna. Como siempre nada en relación a la alimentación con biberones. Mi pequeño Little One ya tiene 3 meses y su comportamiento ha cambiado en los últimos días. No sé si es una crisis o es The New Normal.

La que sí creo que está en crisis soy yo. Prácticamente todos los días, desde hace una semana, me dan unas lloreras bastante importantes. Me molesta no poderme contener sobre todo cuando  estoy con Little One porque me da la impresión de que lo tiene que notar. Que su mama esta rara, pone caras raras y sus ojos parecen una fuente.

Intento analizar qué es lo que me pasa y supongo que como siempre es un conjunto de cosas.

Little One ha cambiado su comportamiento. Es menos predecible en cuanto a la alimentación, lo que con biberones lo complica un poco más si cabe, y además demanda mucha más atención y brazos. Para colmo, y debido a unos episodios muy raros que ha tenido y que mañana consulto con el pediatra, he desarrollado una especie de angustia a que le pase algo. Cualquier cosa que hace pienso que es que le pasa algo y no que es un comportamiento normal para cualquier bebe sano de tres meses.

Estoy cansada físicamente y mentalmente. No tengo un solo minuto para mí (escribo porque a las nueve de la mañana salí a dar un paseo y al volver LO sigue dormido en el carro, veremos si puedo acabar de escribir).Ayer fue un día especialmente malo donde no me dio tiempo ni a comer.

Pero lo que yo creo que me está afectando cada día más es la soledad. Vivir a miles de kilómetros de tu familia y amigos a la vez que te enfrentas a la maternidad por primera vez no es buena idea. Se me está haciendo durísimo. Hasta ahora nunca había notado tanto en falta a mi Tribu. Estar todo el día “sola”, sin hablar con nadie (con capacidad de contestarme), no poder desahogarme de lo duro que es esto, de las mil dudas que surgen cada día. No sé, creo que eso está pudiendo conmigo y la verdad empiezo a estar preocupada. Necesito relacionarme, soy muy consciente de ello pero no resulta fácil.

Conozco 2 o 3 personas con las que puedo tomar un café o quedar a dar un paseo, pero no llenan el vacío. Primero porque tengo que comunicarme con ellas en ingles lo que siempre crea una barrera donde realmente, aunque tuviera la confianza  para ello, que no es el caso, no puedes expresar bien cómo te sientes. Segundo porque tu Tribu, esa que has creado durante años es difícil de sustituir.

The Other Significant no es de mucha ayuda. Tiene muchas virtudes pero entre ellas no se encuentra el tomar las  riendas de la situación y ayudarme a superar este bache. Más bien al revés, le afecta que yo este mal, necesita que yo esté bien para poder estar bien, lo que en cierta manera supone una carga añadida. Lo único que le he pedido es que me permita estar mal.

Bueno todo pasa y todo llega como dice la canción y espero que como a los lactantes esta crisis me dure unos días, tal vez semanas, y todo vuelva a la normalidad, con su agotamiento y su falta de sueño pero nada más.

Ser emigrante es duro. La maternidad es dura. Todo a la vez se me está haciendo muy cuesta arriba.

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La conquista de Canadá

La CoPR (Confirmation of Permanent Residence) es la última y más esperada comunicación que hemos recibido por parte de las autoridades de inmigración canadienses. Ya es oficial, hemos conquistado Canadá.

Han pasado tres años y cuatro meses desde que llegamos por primera vez y lo cierto es que si echamos la vista atrás hemos pasado por un montón de fases diferentes. No llegamos a Canadá pensando en quedarnos. The Other Significant no tenía ningún tipo de permiso y por tanto, solo podía quedarse seis meses como turista. En seguida nos dimos cuenta de que seis meses iban a ser muy poco y empezamos la aventura para ir alargando la estancia. Por fin ha terminado la incertidumbre, podremos quedarnos en Canadá tanto tiempo como deseemos sin que dependa más que de nuestra voluntad.

Si algo he aprendido con esta aventura es que en la vida se pueden hacer pocos planes. Ahora mismo si me preguntan cuánto tiempo voy a quedarme aquí, pues francamente no tengo ni idea pero me temo que bastante si nada cambia. Al final mandan los trabajos y nosotros estamos viviendo un poco el mundo al revés. La mayoría de la gente con hijos no se atreve a dar el salto y salir de España por muy precarias que sean sus condiciones, a nosotros nos pasa al revés, volver a España supondría dejar dos buenos trabajos y por tanto cierta seguridad para nuestro Little One.

Es una sensación agridulce en realidad. De alguna manera cada vez se vuelve un poco más difícil que volvamos a España y me da mucha pena por Little One, crecerá lejos de su familia, de sus abuelos (que son unos valientes y aceptan y entienden la situación aunque con mucha pena) y de sus tíos y sus primos. Nunca hasta ahora había sentido tan intensamente lo que supone vivir fuera de tu pais, solo eso da para un post.

Pero como he dicho más arriba, la vida da muchas vueltas y si como en aquellos programas de TV que tan de moda estuvieron me preguntaran “¿volverás a España?” ……

Sí, pero aún no sé cuándo, algún día.

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Guarderías, excedencias y valentía.

Cuando me quede embarazada y hasta poco antes de dar a luz no tenía ninguna preocupación sobre este tema. The Other Significant trabajaba desde casa y estaba más que dispuesto a quedarse con The Little Person cuando yo me incorporara al trabajo.

La misma semana que nació MyLo, The Other Significant empezó un nuevo trabajo fuera de casa, la típica oferta que no puedes rechazar, lo llamamos el pan de debajo del brazo de The Little Person.

Asi que, tristemente, empecé a mirar guarderías, a.k.a. Daycare.

El primer problema es que en Canadá la baja por maternidad es de 1 año, luego la mayoría de los Daycare solo cogen niños a partir de esa edad. Por circunstancias mi baja no puede ir mas allá de los 6 meses, luego las opciones ya se me reducen mucho. De entre los centros de mi zona que admiten bebes tan pequeños ninguno tiene plaza y la lista de espera puede ser hasta de un año. El precio ronda los $2000 al mes, que es casi el doble de lo que pago por el alquiler de mi casa, una locura vamos.

Existe la opción de los Home Daycare. Son como casas particulares donde se juntan varios niños. Suena a cachondeo pero lo cierto es que está regulado por ley y deben cumplir una serie de requisitos. No conozco ninguna, he contactado con alguna empresa que se dedica a ello pero no parece fácil tampoco.

La tercera opción que más me gustaría es que se quedara en casa, cuidado por alguien de confianza pero no es fácil encontrar a nadie.

Cabe decir que aquí la escuela es pública y gratuita pero no empieza hasta los 4 años.

Total que no tiene fácil solución y en 3 meses me incorporo a trabajar……o no.

Cada vez me ronda más la idea de pedirme una excedencia para cuidar de mi hijo yo misma.

Me doy cuenta de que independientemente de que uno pueda permitirse o no coger una excedencia de este tipo hay que echarle valor. ¿Por qué? Primero hay que estar seguro de si lo soportaras, es decir, no hay nada mejor que estar con mi pequeño Little One, pero también, como sabemos, es un trabajo duro y  solitario. En ese sentido a mi puede que se me haga duro, pero más duro se me hace dejarlo con un extraño con seis meses.

Además hay que enfrentarse al “que dirán”. Porque como sabemos, decir pueden decir de todo.

En parte estoy deseando no encontrar ninguna solución de aquí a septiembre para tener que pedir la excedencia sí o sí, sin tener que tomar la decisión de forma activa. Creo que estaría solo unos meses, al menos hasta el año y medio, cuando My Little One ya sería todo un Toddler, lo que entre otras cosas reduce el precio de la guardería. Además para ese entonces ya tendría la alimentación complementaria introducida casi en su totalidad, cosa que me gustaría hacer de forma tranquila.

No me planteo no llevarlo a la guardería y que vaya directamente al colegio sobre todo por el tema del idioma, no quiero que se plante en el colegio por primera vez con cuatro años y que no sepa hablar bien inglés. Con año y medio quiero pensar tendrá menos problema.

Y en esas estamos, la solución dentro de unos meses.

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Biberón y crianza respetuosa.

No hay un todo o nada en la crianza

Yo defiendo la crianza natural, con apego, respetuosa o como cada uno quiera llamarlo. Cuando dejé de dar el pecho a mi hijo, o más bien de intentarlo, me sentí un fracaso como madre y pensé que ya estaba todo perdido, que ya no podía criar a mi hijo de la forma en la que creía, que si no podía darle el pecho no iba a haber forma de construir un vínculo sólido y seguro entre nosotros.

Hay que tener en cuenta que estaba en pleno postparto donde toda emoción se magnifica a extremos inimaginables para el que no lo ha vivido nunca.

Sigo pensando que he perdido uno de los grandes pilares en los que se asienta la crianza natural, con apego, respetuosa o como cada uno quiera llamarlo, pero también es cierto que no se trata de un todo o nada y que eso, que suena a frase hecha, de “para que el bebé este bien la madre tiene que estar bien” es una verdad importante. Mientras trataba de darle el pecho a mi hijo, todo era sufrimiento, estrés y frustración. Yo no sentía ninguna conexión con él, estaba demasiado ocupada tratando de conseguir una lactancia exitosa. Y eso lo sé, porque soy perfectamente consciente de cuando empecé a sentirla y mi actitud hacia él cambió. Cuando alimentarle dejo de ser un momento frustrante para mí note un cambio en mi interior. Empecé a hablar más con él,  a cantarle, mecerle y a mirarlo durante horas. Surgió el enamoramiento absoluto hacia él.

También me di cuenta de que aunque no le diera el pecho, podía dormir con él y portearlo además de hincharme a tenerlo en brazos, mecerlo y calmarlo así siempre que lo necesite.

El colecho está muy ligado a la lactancia materna porque la facilita mucho, pero a mí también me está resultando muy cómodo y gratificante. Para empezar dormimos todos mejor, al sentirnos cerca los unos de los otros nos tranquilizamos mutuamente. Es verdad que tengo que levantarme a por el biberón pero una vez que lo llevo a la habitación ya no me levanto más. Puedo cogerlo y dejarlo sin levantarme y sin interrumpir demasiado su sueño ni el mio. Esta despierto mientras come, pero cuando va terminando se duerme y con cuidado lo vuelvo a dejar en su cuna que, una vez quitada un lateral, está atada a la cama. Además es una gozada despertarse a su lado.

He optado por juntar la cuna con la cama en vez de meterlo directamente en la cama por varias razones. Para empezar intente buscar información sobre colecho y biberón y por supuesto no encontré nada. Después mi cama no me parece la más adecuada, demasiado blando el colchón y es viscolastico y mete mucho calor y cuando nació teníamos puesto un edredón de plumas. Además yo duermo muy mal y doy bastantes vueltas y The Other Significant duerme muy profundo así que no me convencía del todo lo de ponerlo entre los dos. Juntando la cuna ganamos en superficie para todos. No sé si esto también es colecho o lo dejamos solo en semi-colecho pero a mí me funciona muy bien de momento.

El porteo también es muy satisfactorio. La rabia es que todavía me molesta la cicatriz de la cesárea (dos meses y medio después) y muchas veces evito portear y es The Other Significant quien lo lleva. Me parece una buena forma para que ellos también construyan sus lazos así pegaditos el uno al otro.

Siempre tendré la espinita de no haberle dado el pecho pero tengo la impresión de que es un bebe que está creciendo feliz y eso es lo único importante. Es una espinita y una pena que tengo yo y no él, eso es importante recordarlo.

Se puede construir un vínculo fuerte y un apego seguro que le ayude en su desarrollo a pesar de darle leche de formula en un biberón. Una vez superado el coctel hormonal del postparto, esto lo tengo claro.

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Lactancia a demanda con leche de fórmula

Vaya por delante que soy firme defensora de la lactancia natural pero que por motivos que ya he contado aquí no he podido dar el pecho a mi hijo así que estoy aprendiendo sobre la marcha a dar biberones.

Cuando decidí, llevada por las circunstancias, alimentar con formula a mi bebé me propuse hacerlo de la mejor manera posible. Me dispuse a buscar información y me encontré con que hay muy poca.

Para empezar necesitas la leche, obvio. En Canadá hay tres formatos diferentes: Ready to feed que esta lista para usar, tal como la compras la echas al biberón, calientas y listo. Esta la Concentrada, que es líquida también pero hay que mezclar con agua y la típica leche en polvo. En el hospital, cuando empezamos a suplementar nos dijeron que la leche en polvo mejor no darla a los newborns.

Necesitas biberones. Me decante por los de DrBrown y me hice con todo lo necesario: varios biberones, esterilizador y calentador. Más adelante compre una pequeña nevera portátil y un termo para poder salir de casa sin temor a que le diera hambre y no poder alimentarlo. (Esto sigue siendo un agobio comparado con lo cómodo que sería darle la teta…pero bueno intento no pensarlo mucho)

¿Y ahora qué?

Antiguamente, estaba todo muy pautado: tantos mililitros de leche cada x horas. Se luchaba para que niños que quizá no lo necesitaban, acabaran el biberón entero que se les había preparado y se dejaba llorar de hambre a otros porque “no le toca todavía”. Ahora los pocos pediatras que mencionan, siempre de pasada, la lactancia con formula indican que debe hacerse a demanda, siguiendo las necesidades del niño, igual que se hace con el pecho. Mi propia Pediatrician me dijo que básicamente lo que el niño quiera y cuando quiera.

Pero claro esto con los biberones no me parecía a mí tan fácil. Para empezar, algo tienes que poner en el biberón, ¿cuánto lo llenas y como sabes cuándo debes echar más? ¿Y cuándo sabes si el niño llora por hambre o por otra cosa? ¿Le ofreces un biberón por probar? Y si no lo quiere ¿lo tiras? ¿Y si no tiene hambre pero se lo toma por el reflejo de succión y lo sobrealimentas o empachas?

Todas estas eran mis dudas durante el primer mes y bueno en parte lo siguen siendo pero esto es lo que he ido haciendo.

De recién nacido, esa tercera noche que consideraron en el hospital que debíamos suplementar nos dijeron que 30 ml cada vez y que no dejáramos pasar más de 3 horas entre toma y toma. Ese fue el punto de partida.

A partir de ahí he tratado de hacerlo segun demanda mi pequeño Little One (valga la redundancia). Al principio no es fácil porque te quedas muy apegado al “cada tres horas” que me habían dicho en el hospital y ahora, recordando algún episodio en que lloró mas de lo habitual, creo que era por hambre y lo achacamos a otra cosa. Tampoco era fácil detectar cuando no quería más, siempre se acababa el biberón y parecía que podría seguir comiendo si hubiera habido más. Fue un primer mes, muy angustioso. Cuando en el primer chequeo se vio que había crecido con normalidad, ni más ni menos, me relaje un poco.

Ahora con dos meses y 10 días es más fácil. Ahora con su pequeña lengua empuja el biberón cuando no quiere más. Se lo saco, espero un poco y se lo ofrezco un par de veces más para estar segura de que no quiere seguir (a veces, simplemente descansa o echa un eructo y luego sigue comiendo).

La cantidad la he ido ajustando según demandaba. Si terminaba un biberón con x cantidad y se quedaba con hambre, o eso me parecía, le ofrecía más hasta ir encontrado la cantidad adecuada. Toma la misma cantidad durante una temporada y luego notas que se empieza a quedar con hambre, entonces la aumentas un poco hasta volverla a ajustar.

Es bastante variable en relación a cada cuanto tiempo comer, puede estar seis horas sin pedir o puede pedirte después de dos horas y media. A veces sigo dudando ¿será hambre o será otra cosa? Ante la duda siempre le ofrezco biberón y alguno he tenido que tirar enterito porque resultó que no era hambre. Pero prefiero eso a que tenga hambre y no ofrecerle.

Poco a poco he ido confiando más en él. Aunque sea a base de biberones solo el bebe sabe lo que necesita comer y cuando, lo único que yo creo que hay que estas más atento a las señales de hambre y saciedad porque la cosa no es tan comoda como sacar la teta y ofrecerla.

Quien da el pecho se queja de que hay poco apoyo y que debería haber más. Estoy de acuerdo, si hubiera más quizá yo estaría dando el pecho. Pero dar el biberón es aún peor. No hay información correcta, se sigue forzando a muchos niños a acabar biberones que no quieren o se les deja llorar de hambre porque “aun no le toca”. Me gustaría que hubiera grupos de lactancia para las que no tenemos más remedio o las que eligen dar el biberón.

Cada biberón que le doy a mi hijo me duele porque me recuerda que no le doy el pecho pero creo que lo estoy haciendo de la mejor forma posible y sobre todo con tanto amor y dedicación como si le diera el pecho. Cuando le doy el biberón me mira a los ojos fijamente y yo trato de centrarme solo en eso y es una sensación muy bonita que al menos podemos tener juntos y que nos ayuda a crear nuestros lazos.

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Mi lactancia materna: historia de un fracaso

Empezare contando lo que paso.

Tristemente no recuerdo la primera vez que intente ponerme a mi hijo recién nacido al pecho. No recuerdo como fue ese primer enganche, no recuerdo si fue bien o mal, cosa que es bastante triste y que me indica que después del parto andaba yo peor incluso de lo que yo misma recuerdo.

Recuerdo eso sí, las primeras horas en el hospital. Yo hacía lo que se suponía que había que hacer. Me ponía al bebe al pecho cada poco tiempo y le veía succionar. Recuerdo que me dolía pero era soportable. 24 horas después de dar a luz, apenas podía andar por la cesárea, fui a un taller en el mismo hospital donde te indicaban un poco sobre el enganche.

My Little One succionaba y aparentemente quedaba satisfecho y dormía. Al ser cesárea pasamos por defecto dos noches en el hospital. El día en que supuestamente iban a darnos el alta, pesaron a MyLO y oh! sorpresa en dos días había perdido (ya) más del 10% de su peso por lo que por protocolo no podían darnos el alta y además nos dieron cita para la Breastfeeding Clinic. En la clínica nos dijeron que había que revertir la pérdida de peso y que había que suplementar, nos explicaron cómo hacerlo para no interferir en la LM.

Para seguir con la estimulación del pecho pero que a la vez MyLO comiera algo le introducíamos la leche de formula mediante un tubito que se colocaba al lado del pezón. De esta forma MyLO obtenía alimento a la vez que seguía succionando el pezón para así estimular la producción de leche. Nos indicaron que le diéramos 30 ml cada tres horas durante toda la noche, despertándolo si era necesario. Después de alimentarlo a él yo debía bombear para estimular aún más la producción. Al día siguiente a primera hora MyLO había ganado 60 gramos por lo que pudimos irnos.

A casa nos llevamos todo el material necesario para seguir alimentándolo con los tubos, una bomba del hospital alquilada e instrucciones que se suponen debían estimular la producción de leche para poco a poco conseguir LM exclusiva y dejar el suplemento. Me dijeron que cada tres horas debía ponerlo al pecho, después meter la cánula para que comiera y después bombear al menos 15 minutos más.

Era de lo más frustrante. Ya no me dolían los pezones  luego entiendo el enganche había mejorado y presionando el pecho salían unas gotitas de leche pero nada más. En una semana, bombeando 8 veces cada día, solo conseguí sacar 20 ml de leche una vez, recuerdo que la guarde como si fuera oro para dárselo a mi chiquitín. Alguna vez también le vi hacer alguna succión profunda y oí que tragaba algo pero en general succionaba sin sacar nada a cambio, al menos alimento.

Una noche, agotados, no conseguíamos poner el tubo correctamente, el niño lloraba, me harté, metí la leche en un biberón y se la di. Se lo bebió sin pestañear y siguió durmiendo.

Al día siguiente en la cita con la Breastfeeding Clinic, tres días después de haber recibido el alta, les dije que no podíamos más con los tubos que si no podíamos suplementar con biberón. Me dijeron que sí. Había pasado casi una semana y yo seguía sin tener leche o esa era/es mi creencia.

8 días después del nacimiento de mi pequeño, agotada y frustrada, decidí abandonar, deje de intentarlo, deje de ponérmelo al pecho, dejé de usar la bomba y compré la mejor equipación disponible para alimentar con formula. El niño ya llevaba ocho días a base de leche de fórmula, de mi pecho no obtenía nada ni por sí mismo ni de manera diferida con ayuda del bombeo.

Supongo que atendiendo a las circunstancias de ese momento esa era la mejor decisión que podía tomar. De hecho me sentí bastante aliviada y relajada cuando la tome y a partir de ese momento puedo decir que empecé a disfrutar de mi bebe y por fin me enamore perdidamente de él. Hasta ese entonces yo lo cuidaba con toda dedicación pero no tenía ese sentimiento indescriptible que vino después.

Pero….ahora me doy cuenta de que abandone demasiado pronto, pienso que si hubiera insistido un poco más, tal vez lo habría conseguido (tal vez no, ya nunca lo sabré).

Ahora dos meses después, tras mucho pensar en ello creo que lo que fallo es la confianza en mí misma, deje de creer que podía hacerlo, que lo conseguiría. Varias circunstancias me hicieron perder esa confianza.

El parto me coloco en un estado mental y físico muy poco propicio. Tras 36 horas, en las que dormí muy poco  y tras una cirugía importante como es una cesárea estaba físicamente agotada. Me dicen que estaba irreconocible, con la cara desencajada y en un estado mental un tanto confuso.

La pérdida tan rápida de peso del bebe, también me descoloco. Yo pensaba estaba haciendo lo que hay que hacer. Pero la verdad no lo recuerdo con claridad. Si mi memoria no me engaña creo que esos primeros dos días lo tuve  continuamente al pecho, piel con piel. Lo veía succionar y lo veía calmarse tras un tiempo de succión. Pero me dijeron que la pérdida de peso era demasiado brusca y había que suplementar, ahora incluso dudo de que esto fuera verdad. Quizá si me hubiera ido a casa con mi bebe y con mi confianza todo habría sido diferente.

Una vez en casa es donde me vine abajo por completo producto del agotamiento y de las hormonas y creo que aquí es donde me faltó el apoyo necesario para recuperar la fuerza y confianza en mí misma y creer que podría conseguirlo. Mi familia, con toda su buena voluntad y en su afán porque descansara, me “obligaron” un par de noches a acostarme dejando al bebe fuera de la habitación donde ellos los alimentaban con jeringa. Recuerdo que yo no entendía que me separaran de mi bebe, me hacían sentir inútil e innecesaria y supongo que eso reafirmaba mi creencia de que yo no era capaz de cuidar de él y de alimentarlo. Ellos no saben el daño que me hicieron con esto. Aun se me llena los ojos de lágrimas al recordarlo.

He llorado mucho por no haber sido capaz de darle a mi bebe la mejor alimentacion posible, aun hoy me cuesta pensar en ello. He pensado muchas veces en intentar relactar pero no me siento segura para intentarlo, no cuento con el apoyo necesario y creo que sola no podria conseguirlo a estas alturas. Me puse a My Little One al pecho hace poco y el pobre no tiene ni idea de como engancharse y lloraba y lloraba frustrado mientras chupeteaba las gotitas de leche que salieron. Esa situacion fue casi la que me convencio de no intentar relactar.

Pero tambien he aprendido mucho. Soy mas fuerte ahora de lo que era hace dos meses. Se mas de lactancia materna, a pensar de mi fracaso, de lo que sabia hace dos meses y se que si tuviera una segunda oportunidad la aprovecharia al maximo y no desistiria hasta conseguirlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

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El Parto

 

Hace 1 mes y 28 días que mi vida cambio para siempre.

Hace 1 mes y 28 días que soy madre.

El 16 de marzo, 10 días antes de lo previsto nació mi hijo, My Little One. Desde luego las cosas no salieron como yo imaginaba. Me creía preparada para todo. Creía ser consciente de que el proceso de nacimiento, parto y postparto podían escapar de mi control, pero desde luego no estaba preparada para lo que paso.

El 14 de marzo por la mañana, tuve consulta de rutina con la ginecóloga. Al comentarle que seguía teniendo fuertes picores por todo el cuerpo me mando análisis  de sangre. Según salí de la consulta baje al sótano del hospital para dejarlos hechos y así olvidarme del tema. Y efectivamente me olvide del tema hasta que ese mismo día a eso de las 21:30 me sonó el teléfono.

Era mi doctora. Que los análisis habían salido mal, que la cosa se podía complicar y que dado que estaba ya de 38+4 semanas que lo mejor era provocar el parto. Que me fuera en ese mismo momento para el hospital. Creo que en parte ahí comenzó la sensación de irrealidad que tardo bastantes días en desaparecer.

Habíamos hecho ya las bolsas para el hospital y aun sin estar seguros de si me dejarían ingresada esa misma noche o no, nos lo llevamos todo. Cogimos un taxi y menos de una hora después de haber recibido la llamada estábamos en el Triage. Mi doctora les había llamado y me estaban esperando.

A partir de aquí el tiempo se detiene. Todo lo que viene a continuación forma parte de una nebulosa en mi mente. Puede que haya cosas inexactas pero en cualquier caso así es como yo lo recuerdo.

Nos pasaron a un box y me monitorizaron. Me repitieron los análisis que me habían hecho esa misma mañana para confirmar. En un momento dado, alguien, una médico residente creo, me explico en qué consistía el problema. Aparentemente unos conductos en mi hígado se habían bloqueado y tenía unos problemas con unas enzimas. En ese momento tanto el niño como yo estábamos bien pero en cualquier momento la cosa podía complicarse. El síndrome, trastorno o lo que sea se llama Colestasis.

El proceso de inducción empezó a la 1:30 de la madrugada del 15 de Marzo. No había paritorios disponibles así que de momento nos quedábamos en el Triage.

Yo pensé que irían directos a la oxitocina porque eso es lo que tengo entendido que pasa en los hospitales en España, pero no, primero intentaron otra cosa. Por vía vaginal introdujeron una sonda con un globo en el extremo interior. El objeto de esto es que la presión que realiza desencadene el proceso de dilatación y por tanto el parto comience por sí solo. Agradable no es, sobre todo porque te deja unos tubos colgando de la vagina y sujetos al muslo con esparadrapo. Pero comparado con lo que vino después era el paraíso.

Después de colocar esta sonda, nos movieron a una habitación en la unidad de alto riesgo. Nosotros no éramos de alto riesgo pero era el único sitio disponible. Era una habitación individual, bastante amplia. En un momento dado sentí contracciones y los monitores así lo mostraron. Parecía que el proceso se iniciaba. Pero luego todo se detuvo.

No teníamos mucha información. Venían las enfermeras cada cuatro horas a ponerme los monitores y poco más.

Ya por fin en la tarde del miércoles 15 de marzo, después de 24 horas desde el ingreso hubo novedades. Una enfermera que entraba de turno, nos explicó que cuando hubiera paritorio disponible nos trasladaban y seguirían con el proceso de inducción que en ese punto estaba más detenida.

En el paritorio

Una vez llegamos al paritorio vino nuestra enfermera a presentarse. Tienes una enfermera asignada que te atiende en exclusiva. Cada media hora vienen a verte.

La enfermera debió ver algo raro porque llamo a un médico residente que vino con un ecógrafo portátil para confirmar la posición del bebe antes de continuar con la inducción. Se confirmó que estaba cabeza abajo.

El médico residente me saco la sonda y me informo de que iba a romperme la bolsa para continuar con la inducción. La sensación es rara. Meten un gancho, aunque no se nota nada hasta que de pronto sientes un líquido abundante y caliente entre las piernas. Al médico le oí decir que las aguas estaban claras.

Y después de esto me dijeron que iban a empezar con la oxitócica. Que irían metiéndola poco a poco, aumentando la dosis cada media hora. Así que me sondaron para poder tener la oxitócica y el antibiótico, necesario ya que me había dado positiva la prueba del streptococo. Además tenía los monitores puestos de manera constante luego mi movilidad era escasa. Si quería ir al baño, pues no estaba sondada, tenía que avisar para que me quitaran los monitores y me iba llevándome el carrito con la vía.

A la una de la madrugada del 16 de Marzo, aproximadamente, si mal no recuerdo empezaron con la oxitocina. Al principio no fue mal, yo apenas notaba dolor y sin embargo los monitores sí indicaban presencia de contracciones así que yo  decía, bueno pues parece soportable.

Después no sé cómo ni cuándo todo cambio. Recuerdo estaba amaneciendo y yo sentía unas contracciones horribles. A partir de ese momento, dos enfermeras (titular y estudiante) estuvieron conmigo todo el rato, además de The Other Significant. Me sugerían distintas posturas para aguantar el dolor y me daban ánimos. El dolor era indescriptible. Perdí toda noción de realidad, solo podía concentrarme en soportar el dolor que se apoderaba de todo mi cuerpo. Las contracciones eran cada dos minutos, apenas terminaba una empezaba otra. Grite como nunca he gritado, como un verdadero animal en el sentido literal de la palabra. Todo era muy irracional.

Estaba dilatada de seis centímetros, quedaba mucho todavía. Me ofrecieron la epidural. Yo para ese entonces me había olvidado hasta de que existía la epidural, si no. probablemente la habría pedido antes, no lo sé. Me dijeron que podían quedar varias horas hasta terminar, yo no soportaba el dolor así que decidí ponerme la epidural.

Antes de poner la epidural, las enfermeras debían asegurarse de que el ritmo cardiaco del bebe era el correcto, esto oí como se lo explicaba la enfermera a la estudiante. Y ahí hubo un nuevo giro.

Antes de que pudiera darme cuenta la habitación estaba llena de médicos. El ritmo cardiaco del bebe había descendido. Para estar seguros, metieron una sonda que engancharon a la cabeza del bebe. Los monitores no eran fiables porque se movían las correas con mi movimiento. Es curioso pero a partir de ese momento ya no recuerdo el dolor de las contracciones. Supongo las seguiría teniendo pero ya no lo recuerdo.

En un momento dado, una de los médicos me dijo que el ritmo cardiaco era muy bajo y que nos teníamos que ir a quirófano para practicar una cesárea.

Recuerdo me llevaban en la camilla por el pasillo bastante rápido, mientras alguien me informaba de los riesgos de la operación para que prestara los consentimientos.

En el quirófano

El quirófano me pareció agradable. Tenía dibujos en el techo. Seguían monitorizando al bebe constantemente. Después me entere que en un momento dado se estabilizo y dado que había dilatado ya siete centímetros con todo este proceso se plantearon no hacer la cesárea. En esas estaban cuando el latido volvió a descender y decidieron no esperar más.

En el quirófano yo echaba mucho de menor a The Other Significant, no llego hasta un tiempo después.

Había mucha gente, me hablaban, me tranquilizaban, me decían quién era cada uno y lo que iba a hacer. Yo creo estaba fuera de mí.  A veces lo recuerdo todo como viéndolo desde fuera de mi propio cuerpo. Ni siquiera sentía miedo, creo que no sentía nada. Sabía que debía estar preocupada y racionalmente lo estaba pero no lo sentía, difícil de explicar.

Me pusieron la anestesia y deje de sentir mi cuerpo. Estaba tumbada con los brazos en cruz pero no sentía nada del pecho para abajo, una sensación muy rara. No recuerdo alivio por dejar de sentir el dolor de las contracciones porque ya había dejado de sentirlo por alguna razón que se me escapa.

En ese momento vino The Other Significant. Recuerdo que me sorprendió mucho que traía la cámara de fotos, pensé que como podía estar pensando en fotos en un momento como aquel, no sé ni porque me vino ese pensamiento a la cabeza. Se sentó a mi lado y esperamos.

Pasado muy poco tiempo, todo era jolgorio en el quirófano, le dijeron a The Other Significant que ya podía mirar, The Little Person, había nacido. Hay un video grabado de esos momentos que es bastante emocionante.

Pero no son momentos que a mí me guste recordar. Me acercaron al que ya era My Little One para que lo viera. Recuerdo que solté una lagrimilla pero me sentía totalmente ajena. Se lo llevaron para quitarle la sonda de la cabeza y ocuparse de él y yo podía verlo si giraba mucho la cabeza y solo podía verle las piernas así que tampoco miraba mucho. Si recuerdo que oírle llorar me tranquilizo, bueno me hizo pensar que todo estaba bien, yo seguía bastante carente de emoción.

De pronto sentí mucho frio y me empezó a temblar todo el cuerpo. Era muy desagradable y agotador, solo sentía los brazos pero no podía tenerlos quietos, se agitaban de forma descontrolada y no podía hacer nada para pararlos. Me dieron náuseas y tumbada boca arriba como estaba empecé a vomitar.

Mi hijo acababa de nacer, le oía llorar, pero yo pensaba en que estaba agotada y quería cerrar los ojos y dormir.

Finalmente cuando acabaron de coserme, nos llevaron a la sala de recuperación a los tres juntos. Apenas recuerdo ese momento. De hecho he tenido que preguntar a The Other Significant algunas cosas para poder reconstruirlo en mi mente.

Ya en esa misma sala las enfermeras me pusieron piel con piel con My Little One, lamentablemente esto apenas lo recuerdo, se me saltan las lágrimas de pensar que no recuerdo la primera vez que vi, sentí, cogí a My LO. Quizá ahí perdí una oportunidad de oro para haber facilitado la lactancia, no sé cuánto tiempo había pasado desde el nacimiento, pero quizá estábamos a tiempo. Pero esa es otra historia que contar.

Y así acabo mi parto tal y como yo lo recuerdo.

Y así empezó nuestra aventura con The Little One.

 

 

 

 

 

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